Reforma a la salud y el debate sobre el plan de salud para Chile

 

El profesor Pablo Celhay reflexiona en torno a esta reforma y en qué medida debiésemos pensar en la próxima política pública orientada a los seguros de salud universal y de acceso público.

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Foto de portada: Photo by Matthias Zomer from Pexels

La reforma a la Salud, en su fondo, apunta a ser un primer paso para corregir los problemas detrás de la compleja coexistencia entre nuestros dos sistemas de seguros. Desde la discusión sobre el diseño del plan AUGE que buscamos transitar hacia un sistema de seguros que integre y deje atrás los mundos paralelos de Fonasa e Isapres. El primero concentra al 80% de la población, en promedio más riesgosa y de menor poder adquisitivo, mientras que el sistema privado mantiene al 15% de la población, en promedio más sana y con mayor poder adquisitivo.

Un problema fundamental del tándem en seguros es la capacidad legal que las Isapres tienen para poder rechazar personas con pre existencias y/o rechazar cambios de contratos para personas que dentro de este sistema se quieran cambiar de compañía o plan, pues cada cambio va acompañado de una declaración de salud. Así, se crea un grupo de personas “cautivas” en el sistema privado; personas que enferman y que necesitan un mejor plan al que no pueden acceder porque el sistema no se los permite.

Un problema fundamental de esta compleja coexistencia es la capacidad (legal) que las Isapres tienen para poder rechazar personas con preexistencias.

Esto último es particularmente problemático en el matrimonio Fonasa-Isapre. Por ejemplo, una persona que cotizó durante veinte años en el sistema privado, al enfermar, está obligada a quedarse con una cobertura que firmó cuando inició su contrato, o bien migrar al sistema público. Si migra, Fonasa tiene la obligación de recibirla y financiar su tratamiento. Lo problemático está en que el sistema público pierde veinte años de cotización que podrían cubrir parte del costo. Entre otras cosas, esta dinámica de enfermos entre sistemas explica el hecho de que el gasto de Fonasa viene siendo cada vez más financiado por impuestos generales (dos tercios) y no por el 7% de las cotizaciones individuales (un tercio). Por ello, la reforma actual propone eliminar las pre existencias, entre otros factores y así reducir la movilidad de personas a Fonasa cuando estas enfrentan una enfermedad grave. Estas son excelentes noticias para ellas(os), ya que podrían tener mayor libertad para elegir distintos planes. También son buenas noticias para Fonasa, ya que no tendrá que actuar como un asegurador catastrófico de la población en Isapres. Pero esto se daría sólo para las personas que actualmente están en Isapres.

En otras palabras, antes de poder entrar al sistema privado nuevo, se debe pagar por permanecer en un limbo de aseguramiento por mínimo dos años. Los efectos finales dependerá de quiénes (¿ingreso?¿riesgo?) tomarán esta decisión. 

Para nuevos(as) cotizantes, por otro lado, la reforma crea el Plan Nuevo Asegurado. Si una persona quiere entrar al sistema privado tendrá que cotizar este plan por un mínimo de dos años. La reforma no le da otra opción. Este plan entrega un cobertura del 40% sin tope de gasto total ni deducible. En otras palabras, antes de poder entrar al sistema privado nuevo, se debe pagar por permanecer en un limbo de aseguramiento por mínimo dos años. Los efectos finales dependerá de quiénes (¿ingreso?¿riesgo?) tomarán esta decisión.

El oxímoron es claro. Por un lado se menciona que este nuevo sistema privado será un Plan de Salud Universal pero, al igual que con las pre existencias, se regula la entrada haciendo menos atractivo el sistema privado para ciertos sectores de la población. Las dudas sobre los efectos finales de esta reforma son varias, pero hay dos preguntas fundamentales ausentes en el debate: ¿qué plan de salud necesitamos hoy en Chile? y ¿cuánto cuesta?