Impacto de la pandemia en campamentos deja a más de la mita de las familias sin trabajo

 

En el primer estudio en Chile sobre el impacto de la pandemia COVID-19 en campamentos, realizado entre TECHO-Chile y la Escuela de Gobierno UC, se evidencia los fuertes efectos de la crisis sanitaria en ingresos y pérdida de trabajo. La percepción de riesgo de contagio es elevada y la mayoría cree que no contará con una cama de cuidados intensivos de llegar a necesitarla. Estos y más resultados fueron presentados en un reciente Webinar. 

La Escuela de Gobierno UC y TECHO-Chile realizaron el estudio “Efectos socioeconómicos y percepción de riesgo del COVID-19 en campamentos y población vulnerable en Chile”, parte de una serie de reportes que esperan elaborar ambas instituciones para ir midiendo el impacto de la pandemia en una de las poblaciones con mayores desventajas para enfrentar esta crisis. Sobre los datos reveladores, más de la mitad de las personas declaró haber perdido todos o casi todos sus ingresos y existe una alta percepción de riesgo frente a la enfermedad.

Los resultados fueron explicados por el profesor de la Escuela de Gobierno, Diego Gil, en el Webinar: “El impacto de la pandemia en los campamentos en Chile”. Fue moderado por el director social de TECHO-Chile, Vicente Stiepovic, y contó con la participación y comentarios de Sonia Toro, dirigenta del Comité Camino del Desierto del macrocampamento Villa Constancia (que alberga a cerca de 700 familias en Antofagasta), y Margarita Green, profesora de Arquitectura UC e investigadora de CEDEUS.

La muestra consistió en cerca de mil jefes de familia a quienes se les aplicó una encuesta telefónica. Todos ellos habían sido encuestados también el año 2019 en un primer trabajo de TECHO-Chile titulado “El mapa del derecho a la ciudad”, donde ya se mostraba que un 30% de las viviendas estaban en condición de hacinamiento, 29% tenía acceso a internet, y 10% declaró no tener nunca o casi nunca suficiente agua para beber, bañarse, cocinar y lavar ropa.

 “Con la crisis sanitaria ese porcentaje cae dramáticamente a 48%. Esto refleja que la pandemia ha tenido un impacto laboral muy relevante y no relacionado al estallido social, aunque se debiese corroborar con otras investigaciones”, Diego Gil.

En este estudio sobre el impacto de la pandemia, y frente a la percepción de riesgo por COVID-19, el 81% declaró estar muy preocupados de que ellos o sus familiares se contagien. Además, solo 3 de cada 10 encuestados cree que dispondrá de una cama UCI con ventilador mecánico en caso de necesitarlo. “Esto demuestra una percepción general negativa sobre el acceso a los servicios de salud de esta población”, señaló Diego Gil.

Sobre la situación laboral y económica de las familias en campamentos, el estudio pudo comparar su situación actual con la del año 2019. En ese entones, el 73% de las personas encuestadas declaró tener una actividad remunerada, mismo número que se mantuvo hasta el inicio de las primeras cuarentenas. “Con la crisis sanitaria ese porcentaje cae dramáticamente a 48%. Esto refleja que la pandemia ha tenido un impacto laboral muy relevante y no relacionado al estallido social, aunque se debiese corroborar con otras investigaciones”, señaló el profesor de la Escuela de Gobierno. En relación con la población migrante, el impacto es mucho mayor, bajando de 80% a 45% en el porcentaje de personas ocupadas laboralmente.

A eso se suma que el 75% de las personas encuestadas declara haber perdido al menos la mitad de su ingreso (79% en mujeres y casi un 69% de los hombres). En relación con la ayuda del Gobierno, “el bono Covid ha llegado a quienes son elegibles, pero en desmedro de inmigrantes”, dijo Diego Gil. Al relacionarlo con la confianza en las autoridades, solo un 26% cree que las autoridades van a lograr controlar la pandemia en el sector donde vive. En términos de salud mental, el 33% sostiene que padece 3 o más síntomas asociados, lo que afecta más intensamente a mujeres.

Sobre el cumplimiento de las normas sanitarias, las personas encuestadas señalan que ellos han cumplido con medidas como el distanciamiento social, pero esa percepción baja cuando se pregunta por vecinos y población en general.

Los panelistas comentaron que la esencia de los campamentos ha sido siempre la organización colectiva. “Muchas veces dependen de un trabajo comunitario y con el distanciamiento social se dificulta el apoyo entre todos”, dijo el profesor Diego Gil.

“tú ves en la publicidad que te dicen que te limpies las manos y eso no lo tenemos acá. Y cuando vienen las autoridades no nos dan instructivos claros para entregar a los vecinos de cómo hacerlo y cuidarnos”. Sonia Toro.

“Hay un colectivo y eso ha funcionado”, agregó Margarita Greene de Arquitectura UC. “Esa unidad la hemos descuidado y se podría haber aprovechado en esta entrega de beneficios. Sin embargo, se ha hecho persona a persona, familia a familia, y eso no es bueno. Sería mucho mejor que trabajáramos con pequeños colectivos”, explicó en relación con las necesidades de vivienda y al foco que han tenido las últimas políticas de emergencia. Enfatizó en que la demografía chilena ha variado y por eso invita a repensar sobre la unidad a la cual se entrega la ayuda del Gobierno.

En este mismo punto Sonia Toro, dirigenta de campamento en Antofagasta, explicó la realidad que vive en su territorio y cómo han experimentado el distanciamiento social, levantando información en cada casa y respetando los espacios de seguridad. “Hay mucha gente sin trabajo que está muy mal. Los inmigrantes tenían miedo y preguntaban cómo volver a su país. Primero traté de tranquilizarlos y trabajar con ellos. Algunos no tienen registro social, por ejemplo. No nos podemos juntar, pero si nadie nos viene a ayudar, tenemos que trabajar juntos para apoyarnos”, explicó.

Se suma a lo anterior la escasa agua con la que cuentan los campamentos, “tú ves en la publicidad que te dicen que te limpies las manos y eso no lo tenemos acá. Y cuando vienen las autoridades no nos dan instructivos claros para entregar a los vecinos de cómo hacerlo y cuidarnos”.

Al finalizar, Vicente Stiepovic preguntó a los panelistas sobre las medidas de políticas públicas para enfrentar de mejor forma la crisis sanitaria. Al respecto, todos coincidieron en que debían ponerse foco en actividades colectivas, soluciones rápidas por parte del Estado, mayor presencia de autoridades locales y territoriales, y diseño de políticas en sintonía con la realidad, lo que permitiría gestionar una buena estrategia de emergencia.

"Se ha hecho persona a persona, familia a familia, y eso no es bueno. Sería mucho mejor que trabajáramos con pequeños colectivos”, Margarita Greene.

Puedes leer el reporte completo “Efectos socioeconómicos y percepción de riesgo del CoVID-19 en campamentos y población vulnerable en Chile” en el siguiente link.