Director de la Escuela de Gobierno UC destraba la encuesta Casen

 

En esta entrevista realizada a Osvaldo Larrañaga explica su participación en tres procesos de esta encuesta desde el año 2013, como parte del panel de expertos. Parte de su análisis sobre el instrumento es que la encuesta subestima la desigualdad.

En agosto de este año se mostraron los resultados de la última encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, Casen 2017. Este instrumento de medición de la realidad social del país es elaborado desde el año 1897 por parte del ministerio de Desarrollo Social, cada dos o tres años, para entregar información representativa de la población nacional y las variables sociales. Esta fue la versión número 13 de la encuesta, la cual ha permitido por más de 30 años tener mediciones comparables sobre la evolución de la pobreza, la desigualdad de ingresos y la cobertura de la política social. “Este es un activo de información que tiene Chile y que debe ser preservado en el futuro”, afirma Osvaldo Larrañaga, director de la Escuela de Gobierno UC.

Desde el año 2013 forma parte del panel de expertos de la encuesta Casen. Este es un grupo de siete personas de la academia que acompaña el proceso de cada encuesta y que se reúne periódicamente con autoridades y los equipos técnicos del ministerio. “En estas reuniones se entregan recomendaciones para el mejor desarrollo de la encuesta en todas sus etapas”, explica. Los expertos se van renovando, son independientes de los respectivos gobiernos, no reciben remuneración por su labor, y contribuyen a la mejor calidad técnica de la encuesta y a que exista credibilidad en sus resultados. Larrañaga ha vivido la experiencia de pasar por tres encuestas y señala que su trabajo previo con la Casen “ha sido en primer lugar como usuario”.

¿Cuál es la relevancia de la encuesta Casen para la política pública? ¿Es valorable tener un instrumento como este en nuestro país?

La encuesta Casen es la principal fuente de datos socioeconómicos del país. Las mediciones que conocemos de pobreza y desigualdad de ingresos provienen de los datos de esta encuesta. Así también las cifras sobre acceso de la población según estrato social a educación, salud, vivienda, cuidado infantil y otros servicios sociales, así como a beneficios como la pensión solidaria. Estos datos representan información necesaria para guiar la política pública del país. Se utilizan para evaluar la efectividad de las políticas públicas, visibilizar los problemas sociales, priorizar la agenda pública, entre otros usos.

¿Hay un uso político de esta encuesta?

No ha habido manipulación de los datos por parte de los gobiernos. Las bases de datos y los resultados que se entregan reflejan en forma fidedigna la realidad social del país. La importancia de la encuesta y su credibilidad pública es bien entendida por quienes producen la Casen. Además, es impensable que un acto de manipulación de datos no quede al descubierto hoy en día, con daños inmensos sobre la reputación de eventuales hechores. Un asunto distinto es que los resultados tengan distintas interpretaciones por parte del público, dependiendo de las preferencias políticas y los modelos de sociedad que se tengan. Esto es normal que ocurra y forma parte del debate político que debe haber en el país. Diferente es el caso de las autoridades de los gobiernos y de los/as Ministros/as de Desarrollo Social que dan a conocer los resultados de la encuesta y que en ocasiones han realizado una lectura no del todo objetiva de los datos. Si bien es entendible que los gobiernos resalten sus logros o minimicen aquellos de sus adversarios, es contraproducente que provenga del organismo a cargo de la encuesta porque puede confundirse con una manipulación de la información que reduzca su credibilidad en la opinión pública.

En relación a la pobreza por ingresos ¿cuáles son los datos relevantes que arrojó esta encuesta para mostrar avances o retrocesos?

La Casen 2017 muestra que un 8,6% de los habitantes del país vive en situación de pobreza de ingresos, es decir, el ingreso del hogar es insuficiente para cubrir el costo de una canasta básica de bienes y servicios. La pobreza por ingresos ha disminuido considerablemente puesto que en el 2006 alcanzaba a un 29,1% y en la medición del 2015 a un 11,7%. La caída de la pobreza de ingresos tiene por causa principal la creación de empleos e ingresos que resulta de una economía en crecimiento, asi como de programas sociales que complementan los recursos de las familias vulnerables. Se hace notar que las cifras señaladas corresponden a la nueva medición de pobreza, que tiene criterios más exigentes sobre el piso de ingresos requerido para cubrir las necesidades básicas respecto de la medición anterior (originada en 1987).

¿Qué pasa con la pobreza multidimensional? ¿Se estanca? ¿Qué datos comparativos en relación a la última encuesta son importantes de señalar en torno a la pobreza multidimensional?

La pobreza multidimensional se introdujo en Chile en 2013, como resultado del trabajo de una Comisión Presidencial en que me correspondió participar. Mide carencias en las dimensiones de educación, salud, vivienda, seguridad social y empleo, vivienda y entorno, cohesión y redes sociales. Para cada dimensión se utilizan tres indicadores de privación y se considera que las personas están en situación de pobreza multidimensional si en su hogar hay carencias en al menos un 22,5% de los indicadores. De esta manera en el año 2017 un 20,7% de la población vivía en situación de pobreza multidimensional, cifra que no es estadísticamente distinta del resultado obtenido en el 2015. No se puede hablar de un estancamiento propiamente tal, puesto que para ello se requeriría que la cifra no se modificara en un período más largo de tiempo. De todas maneras, es interesante verificar que hubo un incremento signficativo en el porcentaje de población carente en los servicios básicos de vivienda, lo que probablemente refleje la realidad de una parte de los migrantes que han llegado al país en los últimos años.

¿Por qué señalas que la encuesta subestima la desigualdad? ¿Cómo podemos tener una mejor medición de la desigualdad y en qué puede aportar la academia en ese sentido?

La Casen no mide bien la desigualdad, puesto que hay subdeclaración de los ingresos más altos. Esta no es una falencia solo de la Casen, sino de la generalidad de las encuestas de ingresos en el mundo. Sabemos, por lo tanto, que la desigualdad medida por las encuestas está subestimada, pero no conocemos el grado de subestimación y si se ha mantenido estable en el tiempo. Esto último es clave, porque en caso contrario se modificarían los resultados de tendencia que la desigualdad de ingresos presenta en el tiempo.

En otros países la información sobre desigualdad que proveen las encuestas ha sido complementada con datos de ingresos provenientes de registros administrativos, como son los tributarios. En Chile ello aún no ocurre por falta de acceso a estos datos, con la excepción de un estudio que realizaron investigadores del Banco Mundial quienes tuvieron acceso a datos tributarios de personas y empresas. Ese estudio mostró que el 1% más rico de la población concentraba el 33% de los ingresos que se generan en el país, mientras que la encuesta Casen reportaba solo un 14% de ingresos para el mismo año (2013). Parte importante de la discrepancia entre las cifras es que el estudio del Banco Mundial pudo incluir las utilidades que los dueños no retiran de las empresas y que se destinan a ahorro o inversiones, pero que igual forman parte de los ingresos que se generan en el país.

Resulta por tanto indispensable que la medición de la desigualdad de ingresos en el país que hace la encuesta Casen sea complementada con los datos de ingresos en poder del Servicio de Impuestos Internos, lo que puede realizarse sin vulnerar la confidencialidad de esa información.